Gestión de espacios culturales, el otro modelo

By julio 6, 2018Editorial

 

Innovar nunca ha sido fácil, más si la innovación proviene desde la administración pública. Sin embargo, apostar por cambios significativos permite conseguir mejoras que se traducen en buenos servicios y calidad a los usuarios en la oferta. Es así, que en la actualidad diversos Ministerios se encuentran evaluando distintos modelos de concesión para administrar futuras infraestructuras públicas, tanto en las áreas de salud como en justicia. Cabe la pregunta entonces, ¿acaso ya no es tiempo que el Ministerio de las Culturas (MinCAP) y los propios Municipios de Chile deban mirar, o al menos explorar, la vía del modelo concesionado de gestión de espacios culturales.?

El modelo de administración concesionado de espacios socio culturales no es algo nuevo, en España por ejemplo; llevan más de dos décadas apostando por esta figura legal, donde el Ayuntamiento de Barcelona,  tiene un modelo que apuesta por ceder a terceros, la administración y gestión profesional de espacios  que deben estar abiertos a la comunidad y perseguir un buen uso público de éste. Un caso exitoso a destacar son los Centros Cívicos, distribuidos por todo el perímetro de la ciudad de  Barcelona, los cuales cumplen un rol fundamental en el acceso y participación de lo creativo, artístico y cultural por parte de la ciudadanía. Sin embargo, estos espacios municipales, en su mayoría están administrados por instituciones y agrupaciones culturales locales de vasta trayectoria y experiencia, o por destacadas empresas culturales con equipos profesionales de gestión cultural, ligados a las comunicaciones, la sociología y la administración.

 

Esta nueva forma de administrar funciona y resulta eficiente para el aparato estatal, ya que es el propio Municipio el que encarga la gestión y administración de un espacio comunitario a un tercero, a través de la licitación pública de servicios, licitación que incluye las exigencias mínimas en materia de oferta, presupuesto y tarifas asociadas a la explotación de un inmueble de carácter público.  Se le adjudica a la empresa y/o institución cultural que presenta el mejor plan de gestión para administrar el recinto, en un rango no mayor a los 4 años de concesión. Este innovador sistema ha sido implementado tanto en épocas de bonanza económica, como en periodos de crisis en España, resistiendo los vaivenes del ciclo político y sin dejar de prestar un servicio de calidad a la comunidad. En tal sentido, esta sea quizás una de sus grandes ventajas como para atreverse a implementar un plan piloto como este en Chile.

Centro Cívico Villa Urania / Ayuntamiento de Barcelona

 

Abrirse a la co gestión de otros agentes culturales en la administración de infraestructura pública   permitiría entre otras cosas, aportar calidad al conocimiento de la realidad cultural territorial donde se implementen estos modelos, contribuyendo también  a la formación continua de nuevos espectadores, sosteniendo una cartelera cultural relevante que otorgue espacios de formación y encuentro para las comunidades locales. Además, una  figura administrativa como esta hace más expeditos los cambios y/o finalizaciones de contrato por parte de los Municipios y/o Gobiernos en caso de no cumplir los objetivos o metas planteadas por los ejecutores, lo que permite corregir a tiempo deficientes o malas administraciones.

Estas nuevas formas de administración cultural de espacios con vocación pública apuestan por la descentralización en la gestión y administración de centros culturales y comunitarios,  de acuerdo a las dinámicas de proximidad y del tejido social donde se inserta la infraestructura. En tal sentido, implementando un sistema como este se pueden consolidar modelos robustos de gestión y espacios que aseguren un correcto uso y funcionamiento para los cuales fueron creados, asegurando a la vez una política de mayor acceso y participación cultural desde la comunidad.

Un modelo de gestión concesionado, como el que implementa Barcelona,  promueve además la competencia y eficacia, ya que, a través, de licitaciones públicas se norma y establece un buen uso y gasto de los recursos públicos, desde donde se ofrece un servicio municipal de cara al ciudadano, dándole un sólido soporte profesional tanto en equipo como oferta a la interacción comunitaria de un territorio desde un espacio público municipal.

Apostar por un modelo parecido en nuestro país, permitiría entonces aumentar el uso de infraestructuras subutilizadas por parte de la población, en programas que fortalezcan la educación creativa en el tiempo libre, la ciencia, la tecnología, entre otros usos comunitarios. A su vez, esta estrategia, ayudaría a igualar el acceso de la población a la oferta creativa, cultural y comunitaria que deben ofrecer los Municipios, equiparándola de igual forma con el servicio que ofrecen en educación, salud, atención primaria, etc. Es significativo también destacar que un modelo como este no solo permite ofrecer una oferta cultural relevante a la comunidad, sino que además generaría una serie de servicios especializados, como la educación artística no formal y la información/mediación con el entorno. En definitiva, un modelo híbrido que permite facilitar el acceso al sistema cultural a cualquier ciudadano.

Si bien es cierto que nuestro país recién avanza en articular una red de espacios culturales públicos, los cuales en su mayoría son gestionados desde los Municipios y/o Corporaciones Municipales,  en su mayoría están regidos directamente por la administración local, desde donde, según advierte un estudio publicado por el ex CNCA que ahonda en un diagnóstico de la Gestión Cultural en los Municipios,   todavía persiste la fragmentación de la gestión cultural dentro de los municipios . Además, el mismo documento señala que todavía persiste un importante grado de informalidad en lo que se hace, lo que impide una planificación estratégica en los contenidos que se ofertan desde estos espacios a la comunidad en general.

Hoy día además, donde hemos conocido bullados casos de mala gestión en Corporaciones Culturales  para administrar y darle contenido a sus propios espacios culturales, como en las ciudades de Rancagua o Valparaíso,  resulta interesante indagar en los errores cometidos e instalar en el consciente colectivo  modelos alternativos de gestión compartida, que ayudarán no solo a mejorar las condiciones en que se desarrolla la gestión cultural municipal, sino que además aseguran un buen uso de las herramientas físicas e intelectuales; lo que repercute en las audiencias.

Esto no quiere decir que todas las próximas infraestructuras culturales deban apostar a un modelo como este, de hecho hay muchas que funcionan bastante bien con modelos mixtos de implementación,  sino más bien este es un llamado a explorar vías alternativas de administración en algunos casos en particular, ya que una estrategia innovadora  como esta permitiría alivianar la sobrecarga de trabajo público cultural que existe en la actualidad desde la administración pública, logrando a su vez mantener un control permanente sobre los resultados de estas infraestructuras, midiendo su impacto en forma periódica y ajustando el modelo de gestión cuantas veces se requiera.

Como conclusión, abrirse a conocer y pilotear un modelo de gestión concesionado de infraestructura cultural publica entrega las garantías necesarias para la supervisión y revisión de planes de trabajo, dado que el modelo permite rendir cuentas a las contrapartes en forma periódica, pudiendo hacer eficiente y profesional la gestión una gran cantidad de Centros culturales y comunitarios que actualmente operan en todo el país. Esto, con el tiempo,  se traduciría además en un sostenido aumento de los índices de ocupación de estos espacios, produciendo a la larga un alza en la participación y apropiación cultural.

 

Cristian Venegas Barrientos

Gestor Cultural y productor , Fundador de Caja Cerebro

 

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