Estudiar y trabajar en el Nueva York Cultural; la apuesta de Paloma Estévez

By septiembre 9, 2018Blog

La productora y gestora cultural chilena Paloma Estévez se encuentra actualmente viviendo en Nueva York y cursando el tercer año del MFA en Theatre Management & Producing en la Universidad de Columbia. En Chile, trabajó en diversas instituciones culturales, incluyendo la Compañía de Teatro La Mancha, la Cámara Chilena del Libro, el ex Consejo Nacional de la Cultura y las Artes , y la Fundación Cultural de Providencia, entre otras. Hoy, desde la capital mundial del entretenimiento nos cuenta detalles del programa formativo que la mantiene ocupada, y a la vez nos introduce en el complejo y profesional mundo de la gestión de la cultura desde Nueva York.

 

¿Qué motivaciones tuviste para escoger Nueva York como destino de tu viaje formativo?

Siempre tuve muy claro que quería estudiar en Nueva York, nunca consideré otras opciones. Me parecía un misterio el mundo del espectáculo, el gran formato, Broadway, que en solo diez cuadras hubieran más de cuarenta teatros, con más de ochocientas butacas cada uno, con funciones ocho veces por semana, llenas de gente. Quería entender qué era lo que hacía posible tener una obra por más de dos décadas en cartelera o que la gente esperara hasta un año por una entrada para un musical. Además, la existencia de instituciones gigantes como Lincoln Center, BAM, The Public Theatre y que hubiese espacio, recursos y público para todo esto en un solo lugar. Percibía que había un sistema de funcionamiento complejo y profesionalizado y quería conocerlo, entenderlo, y ojalá vivirlo desde lo profesional.

¿De qué trata y cómo evalúas el programa de estudio al que accediste en la Universidad de Columbia?

El programa se llama Theatre Management & Producing (gestión y producción teatral). Es un máster de tres años con solo nueve alumnos por generación, lo que hace una gran diferencia. El primer año está enfocado al teatro comercial y Broadway; el estudio profundo de los sindicatos, contratos, el modelo económico, y las leyes que lo regulan. El segundo año está enfocado a la gestión de instituciones teatrales sin fines de lucro, fundraising, desarrollo de audiencias y políticas culturales. El tercer año está destinado al desarrollo de una tesis de investigación y a trabajar, ya que nos exigen tener al menos tres experiencias profesionales para graduarnos. Además de la malla curricular, creo que la excelencia del programa radica en el cuerpo de profesores; líderes de la industria, agentes activos y de mayor relevancia en el sector lo que me permitió tener una perspectiva mucho más profunda, práctica y real, además de generar relaciones con altos ejecutivos y productores de larga trayectoria. Algo interesante para mí fue descubrir que soy la primera estudiante de Latinoamérica en la historia del programa.

¿Has conocido el rol que tienen los sindicatos de actores y artistas de la ciudad? ¿Cuál es su influencia a la hora de producir proyectos creativos?

Los sindicatos son sin duda uno de los mayores protagonistas de la industria teatral en Nueva York, y tienen un gran poder de negociación. No se puede producir sin conocer al revés y al derecho las regulaciones y los acuerdos con las decenas de sindicatos que están involucrados en cada espectáculo. Los actores no son los más influyentes, sino que son los técnicos, electricistas, y carpinteros. De hecho, el sueldo mínimo de un actor es de los más bajos de la industria, junto con los administrativos. Sin embargo, el musical Hamilton hizo algo histórico, reconociendo el rol de los actores en el proceso creativo, dándole un porcentaje de las ganancias a todo el elenco original. En el modelo comercial, nadie participa de las ganancias de una producción excepto los productores, inversionistas y creativos: el resto gana un sueldo fijo, así que esto significa un gran cambio para los actores. Con respecto a influencia creativa, es poca me atrevería a decir, casi nula. Los proyectos comienzan con el productor (individual o institucional), una vez que tiene los derechos de una obra y luego se suman los creativos (director, dramaturgo y diseñadores) quienes preparan el montaje. Los actores son los últimos en sumarse al proceso, hay muchas obras que tienen 5 semanas de ensayo y listo, pero se han estado desarrollando por años. El rol de actor en chile es sin duda mucho más influyente en lo creativo.

El modelo cultural estadounidense se basa principalmente en el aporte privado, la demanda y el poder adquisitivo de los públicos, es decir el ingreso por venta de tickets a espectáculos, obras y conciertos. Bajo esta lógica ¿cómo resuelven el tema del acceso para quienes no tienen recursos o de la diversidad de contenidos más vanguardistas?

Las instituciones sin fines de lucro dependen en un 50% de los ingresos por la venta de entradas y el (teatro) comercial en un 100%. Curiosamente, ambos sectores son bastantes homogéneos en cuanto a audiencias; blancos, mayores de cincuenta años, con un alto nivel educativo y de ingresos. El tema de accesibilidad no está resuelto y la industria lo está empezando a reconocer como un problema, sobre todo ahora en el contexto político que está viviendo Estados Unidos. La diversificación de las audiencias es y será el foco durante las próximas décadas para el teatro y las artes en general, creo y espero. Pero el gran desafío del sector es también de relevancia, no solo de acceso. La barrera no es únicamente el precio de las entradas, sino que hay un sector de la sociedad con el que no existe una relación, ni comunicación que genere un interés genuino en participar. Creo que eso es realmente desarrollar un público, generar un deseo, hacerse una parte relevante del día a día y eso no se hace precisamente teniendo entradas más baratas, sino que, revisando también la forma y el contenido, a mi juicio.

Si bien son modelos y escenas incomparables, en materia de gestión cultural, ¿cuáles crees que son las principales diferencias con la realidad chilena que has podido constatar en tu estadía en Nueva York?

Dólar, dólar dólar! Los recursos, sin ninguna duda. Y lo que acompaña a esa riqueza: una cultura filantrópica realmente admirable y única en el mundo, sustentada en gran parte por la exención de impuestos que ofrece el gobierno. Es también este sistema tributario lo que permite la existencia de fundaciones como Ford o Rockefeller que han forjado el sistema teatral y artístico del país entero. Antes de venir no dimensionaba el impacto que podría tener un buen sistema tributario. Me pregunto qué pasaría en Chile si tuviésemos un sistema menos burocrático y que signifique un verdadero impacto para el privado, y por ende para la producción y creación. Paralelo a eso, me parece vital comenzar un trabajo serio con los empresarios, generar relaciones para diversificar las posibilidades que tenemos de inyectarles recursos a nuestro sector. Dudo mucho que logremos un desarrollo exponencial y significativo sin ese ingrediente.

Según supimos pronto estarás trabajando en el BAM (Brooklyn Academy of Music) un referente artístico en EE.UU, ¿cómo definirías este lugar y cuál será tu rol en ese espacio?

BAM es la organización de artes escénicas más antigua de Estados Unidos. Un gigante con tres salas de teatro y cine con un presupuesto anual de cincuenta millones de dólares. Lo definiría como el gran de espacio de programación internacional de la ciudad; la casa de Pina Bausch, Peter Brook, Robert Wilson, Robert Lepage y de los directores y compañías mas vanguardistas, y con una apuesta de teatro más visual y físico. En Nueva York, para mi sorpresa, no hay mucha programación internacional y BAM se hace cargo de llenar ese vacío. Tengo el honor de trabajar como productora responsable (con un equipo) de las relaciones con los artistas que vienen para el festival Next Wave de este año, que marca un hito muy importante en la historia de la institución ya que es el último que programa Joe Melillo, quien ha programado BAM por treinta y cinco años… ¡todavía no puedo creerlo!

 

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